Edmundo Treviño

Sociedad 50/50: lo que aprendí al separarme de mi socio en Estados Unidos

Invertimos los dos, pero el trabajo y las decisiones no quedaron claros. Mi experiencia en dos sociedades y las conversaciones que hoy tendría antes de asociarme.

Emprendimiento · 8 de octubre, 2026 · 6 min

Invertimos los dos. Pero en uno de los negocios yo era quien conseguía clientes, preparaba el catálogo, tomaba las fotos y viajaba para vender. Habíamos acordado una sociedad 50/50, como si aportar el mismo dinero fuera a significar trabajar de la misma manera. No ocurrió así.

No fue mi única experiencia con socios ni significa que todas las sociedades salgan mal. Llegué a Estados Unidos hace 24 años con una sociedad que funcionó muy bien. Precisamente por eso vale la pena contar dónde me equivoqué después: repetí un acuerdo con la misma persona en dos proyectos distintos sin separar suficientemente las responsabilidades de cada uno.

La expo en Houston: una buena idea y acuerdos incompletos

Después de vender mi empresa quería hacer algo diferente a comercializar productos. Había conocido a un organizador de exposiciones y varias veces le dije que en Houston faltaba un evento como el suyo. Cuando decidió explorar la ciudad, me invitó a acompañarlo al centro de convenciones. Terminamos siendo socios.

Él conocía la organización de eventos. Yo aportaba presencia en Estados Unidos, idioma, relaciones y experiencia local. Empezamos con poco capital. Más adelante, trabajar con un equipo en México nos ayudó a sostener los costos. La primera expo dejó utilidad y el proyecto continuó.

El problema no fue que la idea careciera de potencial. Con el tiempo, aquel proyecto creció y me da gusto que lo haya hecho. Mi error estuvo en cómo establecimos la sociedad y en lo que dejamos sin hablar.

El 50/50 no responde quién decide ni quién trabaja

Al mismo tiempo apareció para mí una oportunidad de distribución con un fabricante mexicano. Mi socio me preguntó por qué no participaba también. Sentí que debía corresponder a su invitación al primer proyecto y acepté otra sociedad al 50/50. Sin embargo, la operación de ese segundo negocio recaía principalmente en mí.

Hoy separaría tres conversaciones antes de discutir porcentajes: cuánto capital aporta cada uno; qué trabajo y responsabilidades asumirá; y quién podrá tomar decisiones. Son conversaciones relacionadas, pero una no sustituye a las otras. Un porcentaje igual no resuelve por sí solo un desacuerdo ni compensa automáticamente cargas de trabajo distintas.

No existe aquí una receta universal de reparto. Lo que aprendí fue a no dar por hecho que ambos trabajaremos igual. También cuentan la experiencia, las relaciones y el tiempo de quien estará operando.

Cuando el familiar del socio queda fuera de tu autoridad

En la operación de la expo se involucraron el hijo de mi socio y sus amigos. Al principio funcionó. Después, cuando quise exigir resultados o hacer cambios, encontré resistencia. Yo tenía responsabilidad sobre el negocio, pero no podía ejercer la autoridad que creía tener.

Antes de contratar a un familiar, hoy preguntaría quién lo supervisa, cómo se mide su desempeño y quién puede decidir que deje el puesto. Si nadie puede exigirle resultados sin convertirlo en un conflicto familiar, el acuerdo todavía está incompleto.

Compartir una oficina no vuelve invisibles sus gastos

La ruptura llegó cuando el mismo equipo empezó a trabajar en otra expo en la que yo no participaba. Usaba la oficina, los teléfonos, las computadoras y el sistema que compartíamos. No lográbamos ponernos de acuerdo sobre cómo repartir esos costos entre los proyectos.

La conversación que faltó no era sólo cuánto vendió cada evento. También era qué recursos consumió cada uno y cómo íbamos a comprobarlo. Hoy dejaría definido cómo se autorizan y registran los gastos compartidos, y quién revisa esa distribución.

Finalmente acordamos separarnos: yo dejé la expo y él dejó el otro negocio. Cada uno siguió su camino. Ser socios en un proyecto no debería implicar automáticamente ser socios en todos los demás.

Lo que llevaría a la mesa antes de asociarme otra vez

Trabajo: qué entregará cada socio, cuánto tiempo dedicará y cómo revisaremos si se está cumpliendo. Autoridad: qué puede decidir cada uno y cómo resolveremos un empate. Dinero: qué gastos corresponden a cada proyecto, quién los aprueba y quién revisa las cuentas. Salida: qué procedimiento seguiremos si alguien quiere retirarse.

Para una LLC, el operating agreement es uno de los documentos donde se pueden establecer responsabilidades, administración, votos y reglas de salida. La SBA explica estos componentes y recomienda revisar los aspectos legales y financieros con profesionales. Su contenido debe ajustarse al estado y a la estructura concreta; no basta copiar un formato ni suponer que cualquier reparto fiscal es válido.

Fuente: https://www.sba.gov/blog/2016/2016-05/basic-information-about-operating-agreements/

Mi siguiente paso sería escribir esas respuestas con el posible socio y llevarlas al abogado y al asesor fiscal antes de comprometer dinero. Si hoy ya tienes una sociedad, empieza por una pregunta: cuando ambos opinan distinto, ¿está claro cómo se toma la decisión?

Este artículo adapta mi vlog del 8 de octubre sobre sociedades en Estados Unidos. Comparto una experiencia empresarial, no un modelo contractual ni una promesa de resultado migratorio. Si además hay un objetivo de visa, debe revisarse por separado: una participación en un negocio no garantiza una visa.

Mira el episodio completo: https://www.youtube.com/watch?v=2UvA14kc_Q4

Puedes conocer mi experiencia y conversar sobre tus objetivos en https://edmundotrevino.com/contacto. Más relatos de operación y emprendimiento en https://edmundotrevino.com/blog.