Edmundo Treviño

Por miedo a perder el negocio, terminé abriendo trece o catorce proyectos

Durante una demanda pensé que perdería lo que había construido. Me guardé el miedo y empecé proyectos por todos lados. Con el tiempo entendí el costo de dispersarme.

Emprendimiento · 23 de octubre, 2026 · 4 min

Hace algunos años atravesé una demanda que me hizo pensar que iba a perderlo todo. Los abogados buscaban por dónde defender el caso, pero yo veía amenazado lo que habíamos construido durante años. Me imaginaba empezando otra vez desde cero y, durante mucho tiempo, me guardé ese miedo.

Mi reacción fue emprender por todos lados. En el episodio recuerdo que llegué a abrir trece o catorce proyectos. Había una urgencia detrás de tantas ideas: quería encontrar otra manera de seguir adelante si el negocio que conocía dejaba de sostenerme. Entender esa urgencia me ayudó después a reconocer por qué estaba tan disperso.

Me quedé callado para no preocupar a los demás

En aquella época rentaba una pequeña oficina privada en un espacio de trabajo compartido. Durante la pandemia pasé mucho tiempo ahí. Desde ese lugar conseguí ventas, avancé en mis estudios y generé contenido. También fue el sitio donde me quedé a solas con un problema del que casi no hablaba.

Pensaba que contarle todo a mi familia, a mis socios o a mis colaboradores sólo iba a estresarlos. Por eso no les expliqué lo que yo estaba sintiendo con el detalle con el que lo conté después. En el momento creía que callarme era una manera de cuidarlos; mientras tanto, yo seguía cargando la preocupación.

La soledad del empresario fue una parte importante de esa experiencia. Puedes tener gente alrededor y aun así sentir que te cuesta explicar lo que está pasando. Muchos amigos tienen empleos y responsabilidades distintas. A mí me hacía falta una conversación en la que pudiera hablar de mis dudas sin tener que aparentar que ya sabía resolverlas.

A cada idea nueva le dije que sí

En ese estado empecé a aceptar oportunidades muy distintas. Una de ellas llegó al punto de que estuvimos cerca de comprar un canal de televisión en Houston. Hoy lo cuento como ejemplo del tamaño de la dispersión: estaba dispuesto a probar caminos muy alejados de lo que ya sabía operar.

Cada proyecto parecía ofrecer una posibilidad de salvar algo. Al juntarlos aparecían también más decisiones, más pendientes y más lugares donde repartir mi atención. Mi miedo a depender de un solo negocio me estaba llevando a comprometer esfuerzo en muchos frentes al mismo tiempo.

Algunas de aquellas iniciativas todavía dejaban consecuencias económicas cuando grabé el episodio; otras estaban en proceso de cierre. No quiero contar esa etapa como si cada intento hubiera terminado bien. Hubo trabajo y aprendizajes, pero también proyectos que no tenía sentido seguir sosteniendo.

Una conversación con otros empresarios me mostró dos caminos

En un grupo de empresarios compartí una parte de lo que estaba viviendo y recibí comentarios que me ayudaron. Recuerdo que se hizo una votación sobre dónde debía concentrarme y el resultado quedó dividido, prácticamente mitad y mitad. Había razones para considerar ambos caminos.

No terminé renunciando a todos los demás proyectos de un día para otro. Lo que intenté fue encontrar una relación más clara entre mis negocios, de modo que trabajar juntos tuviera sentido económico. Ese acomodo tomó tiempo. Cada vez estaban más sincronizados, pero encontrar el cómo fue parte del trabajo.

De ahí me quedó una lección muy concreta: cuando algo funciona, merece que le dedique esfuerzo y atención. Abrir otra cosa puede ser una buena decisión, pero yo necesitaba reconocer cuándo lo estaba haciendo por una oportunidad que entendía y cuándo lo estaba haciendo porque tenía miedo.

Persistir también me exige revisar dónde pongo el esfuerzo

En el vlog hablo de seguir caminando cuando todo parece oscuro. Esa convicción tiene mucho que ver con mi fe y con recordar los momentos en que sí fuimos capaces de sacar adelante algo difícil. También tiene que convivir con la decisión de cerrar proyectos que ya no hacen sentido.

Por eso insisto en escribir lo que hemos logrado y en dar gracias. Cuando sólo veo los problemas del día, puedo olvidar que ya aprendí a resolver cosas que al principio me parecían imposibles. Recordarlas me ayuda a recuperar perspectiva, sin borrar los errores ni los asuntos que todavía necesito atender.

Hoy puedo contar con más claridad aquella etapa: tenía miedo de perder lo construido, me quedé callado y emprendí demasiado al mismo tiempo. La lección que quiero compartir es revisar ese impulso antes de volver a decir que sí. Mi negocio necesita mi trabajo, pero también necesita que yo elija dónde concentrarlo.

El episodio completo

Esta nota adapta mi experiencia contada en el vlog. Puedes ver el episodio completo: https://www.youtube.com/watch?v=_z8V19n2m6I

También puedes escuchar el episodio en audio: https://edmundotrevino.com/podcasts#vlogs-9163