Edmundo Treviño

Me preguntan cómo emprendí en Estados Unidos, pero el miedo los deja sin decidir

Después de años conversando con personas que quieren emprender y cambiar de país, veo una dificultad que se repite: buscar tanta certeza que nunca llega el momento de decidir. Yo tampoco empecé con todas las respuestas.

Emprendimiento · 25 de octubre, 2026 · 5 min

A lo largo de mis años emprendiendo en Estados Unidos he hablado con muchas personas que quieren hacer algo parecido. Me preguntan cómo empecé, cómo abrí una empresa, cómo encontré oportunidades y cómo he conseguido seguir adelante. Son conversaciones que disfruto porque conozco la inquietud que hay detrás. Yo también tuve que aprender a moverme en un país y un mercado que no conocía.

Pero en muchas de esas conversaciones encuentro algo que se repite: las preguntas avanzan más que las decisiones. La persona quiere cambiar su situación, investiga posibilidades y reúne información. Después vuelve al mismo punto, porque no sabe si podrá adaptarse, si su negocio funcionará o si su familia estará bien. El miedo deja todo en suspenso.

La historia del burro que no se decide

Un fin de semana, mientras paseaba en bicicleta, escuché un podcast que contaba una fábula. Un burro tenía hambre y sed. Podía caminar hacia el alimento o hacia el agua, pero se quedaba pensando en lo que le faltaría si escogía una de las dos opciones. Por no elegir, terminaba sin resolver ninguna necesidad.

En el vlog usé esa imagen porque me recordó a quienes pasan mucho tiempo entre dos caminos. Quieren irse, pero les preocupa lo que encontrarán. Quieren quedarse, pero tampoco están conformes con lo que viven. Cada opción tiene una dificultad y esperan encontrar una tercera que no tenga ninguna. Así puede pasar el tiempo sin que cambie la situación que motivó la búsqueda.

No cuento la fábula para decirle a alguien que venda todo o se mude mañana. No conozco las condiciones de cada familia. Me sirve para reconocer un comportamiento que también tengo que vigilar en mí: seguir comparando posibilidades puede parecer trabajo, aunque todavía no haya tomado una decisión sobre ninguna.

Las preocupaciones tienen nombre y merecen revisarse

En las conversaciones aparecen el idioma, la escuela de los hijos, el negocio, el patrimonio y los trámites. También aparecen dificultades que ya están viviendo: cobranza lenta, falta de flujo o problemas que les quitan tranquilidad. Son asuntos concretos. Yo no los puedo resolver con una frase de ánimo ni prometer que cambiar de país los hará desaparecer.

Cuando pienso en mi propia experiencia, recuerdo que no ha sido sencillo. He cometido errores y he tenido que aprender mucho. Aun así, para mí ha valido la pena por las oportunidades de negocio, las inversiones y las personas que he conocido. Esa es una valoración de mi recorrido, no una garantía de lo que le va a ocurrir a otra persona.

Por eso prefiero que la conversación aterrice. Si lo que preocupa es el negocio, hay que mirar el negocio que realmente se está considerando. Si preocupa cómo vivirá la familia, no basta con hablar del tamaño del mercado. A mí me ayuda distinguir cuál es la duda que necesito aclarar, en lugar de juntar todas las incertidumbres en una sola razón para no moverme.

Más información no siempre produce una decisión

Cuando empecé había mucha menos información disponible. En el episodio cuento que descubrí la posibilidad de una visa de inversionista casi por accidente. Hoy es más fácil encontrar explicaciones y experiencias, pero también es fácil seguir buscando indefinidamente. Cada respuesta abre otras preguntas y puedo acabar más confundido que al principio.

He visto que algunas personas necesitan algo más que información: quieren acompañamiento y personas con quienes construir una oportunidad. Esa necesidad la he encontrado muchas veces al hablar con quienes buscan emprender. Entender un proceso ayuda; sentirse capaz de llevarlo a la práctica es otro trabajo. En mi trayectoria, contar con aliados y profesionales ha sido parte de ese camino.

Eso tampoco reemplaza la revisión de cada proyecto. Que yo haya podido hacer negocios con otras personas no convierte cualquier oportunidad en una buena inversión. Lo que me interesa es pasar de una ilusión general a una operación que pueda entender, evaluar y trabajar con quienes corresponda.

El negocio tiene que seguir teniendo sentido después de empezar

Hacia el final del vlog insisto en pensar a largo plazo. Cuando una persona quiere mudarse, puede concentrarse tanto en dar el primer paso que deja en segundo plano lo que viene después. A mí me preocupa que el negocio tenga clientes, una operación real y razones para seguir funcionando, además de la ilusión de comenzar una vida distinta.

Mi experiencia no me permite asegurar un resultado migratorio ni anticipar lo que ocurrirá en una renovación. Sí me ha enseñado que una decisión empresarial merece mirarse más allá del primer trámite. He conocido proyectos que entusiasman al inicio y después se quedan sin una operación que los sostenga. Es una de las razones por las que pido mirar el negocio completo.

Después de tantos años no tengo una respuesta que elimine todos los riesgos. Lo que tengo es la convicción de que vale la pena reconocerlos y trabajar sobre ellos. Quiero que las preguntas sirvan para decidir, incluso si la decisión es esperar o descartar un proyecto concreto. Lo que no quiero es seguir como el burro de la fábula, consumiendo el tiempo sin entender por qué sigo en el mismo lugar.

El episodio completo

Esta nota adapta la experiencia que compartí en el vlog. Puedes ver el episodio completo: https://www.youtube.com/watch?v=0ZmxmH4FlQI

También puedes escuchar el episodio en audio: https://edmundotrevino.com/podcasts#vlogs-9669-19oct