Edmundo Treviño

Mi mejor socio empezó siendo mi proveedor

Las sociedades de negocio no se encuentran en eventos de networking: aparecen donde ya estabas, con un cliente o un proveedor al que conoces lo suficiente como para ver el problema que nadie ha resuelto. Y el hueco más grande hoy son los negocios pequeños y medianos que nadie está atendiendo, de los dos lados de la frontera.

Estrategia Comercial · 4 de Agosto, 2026 · 5 min

Hoy me senté con alguien que me vende y al que también le vendo.

Escrito así suena a error. En un organigrama esa relación no cabe en ningún lado: o eres mi proveedor o eres mi cliente, y cada casilla trae su guion. Al proveedor se le aprieta el precio. Al cliente se le cuida el precio. Cuando la misma persona ocupa las dos casillas, el guion se cae.

Y resulta que ahí, donde el guion se cae, es donde aparece lo bueno. Yo ya dejé de verlo como proveedor y dejé de verlo como cliente. Lo veo como socio.

Las sociedades no se buscan, se tropiezan

Llevo años yendo a eventos donde la gente va a hacer contactos. Casi nunca sale nada de ahí. No porque la gente sea mala, sino porque en un evento todos llegamos con la versión editada de nuestro negocio: lo que vendemos, lo que hacemos bien, el discurso de siempre. Nadie llega diciendo cuál es el problema que no ha podido resolver. Y las sociedades se construyen exactamente ahí, en el problema que no se ha podido resolver.

Por eso las sociedades de verdad casi siempre aparecen donde ya estabas: con un cliente al que llevas años atendiendo, con un proveedor al que le compras desde antes de crecer. No aparecen porque los buscaste. Aparecen porque estabas lo bastante cerca para ver la necesidad antes de que alguien la escribiera en una licitación.

Estar cerca del cliente y estar cerca del proveedor no es una virtud blanda de las que se ponen en la pared. Es un sistema de detección temprana. Nunca sabes de qué lado va a venir la oportunidad.

Lo que hablamos hoy

Los insumos subieron. No un poquito. Entre los aranceles y lo que ha pasado con el petróleo, lo que entra al negocio cuesta más que hace un año, y eso presiona cada precio de lista que uno tiene publicado.

Ante eso hay dos reacciones normales, y las dos son malas.

La primera es subir el precio y confiar en que el cliente entienda. Algunos entienden. Los demás se van, y no se van gritando: se van callados y te enteras seis meses después.

La segunda es aguantar el precio y comerse el golpe en el margen. Eso funciona un trimestre. Dos, si tienes espalda. Después es el negocio el que se va.

Hay una tercera salida, y es la que estuvimos viendo: no tocar el precio ni el margen, sino cambiar de dónde viene el insumo.

Ahí sirve más lo que sé que lo que vendo

En esa mesa mi valor no era mi inventario. Era haber pasado veinticuatro años moviéndome entre dos países y saber cómo se compra fuera.

Casi todo lo que hoy se compra caro viene de Asia o se compra aquí mismo. Latinoamérica está llena de fabricantes que hacen bien lo que estos negocios necesitan y que nadie está buscando, porque nadie los conoce y porque comprarles parece complicado. Yo me quedé de buscarle proveedores allá. No por hacerle un favor: si él sostiene su precio, sus clientes sostienen el suyo, y varios de sus clientes también son míos. Estamos en la misma cadena, aunque en el papel estemos en casillas distintas.

El punto que de verdad me quedó dando vueltas

Estados Unidos está lleno de negocios pequeños y medianos que nadie atiende bien.

Todo el mundo persigue al cliente grande. La cuenta grande da estatus, se presume, se pone en la página de inicio. Y mientras tanto hay miles de negocios de 5, 10, 20 empleados comprando mal, comprando caro y sin nadie que se siente con ellos a resolverles el problema de fondo. Están inexplorados. No porque sean difíciles: porque no lucen.

Y del otro lado pasa lo mismo al revés. Muchos fabricantes de allá creen que vender en Estados Unidos es entrarle a las cadenas gigantes o no entrarle a nada. Creen que el mercado son cinco compradores enormes con un proceso imposible. No es cierto. El mercado son miles de negocios medianos que están tomando la decisión de compra ellos mismos, hoy, y que le contestan el teléfono a quien los llame con una solución seria.

Esos dos mundos deberían estar conectados y casi no lo están. No los va a conectar una cámara de comercio ni un acuerdo firmado en una foto. Los conecta alguien que ya está de los dos lados y que estuvo lo suficientemente cerca como para ver el problema antes que nadie.

Lo que yo saco de esto

Que la estrategia no siempre se ve como estrategia. A veces se ve como una reunión de rutina con un proveedor, un martes, hablando de precios que subieron.

Si tú tienes un negocio tradicional, de los que no se presumen en redes, revisa tu lista de clientes y tu lista de proveedores y hazte una sola pregunta: ¿quién de esta lista tiene hoy un problema que yo podría resolver con lo que ya sé, aunque no sea lo que le vendo?

Esa pregunta vale más que el siguiente evento de networking al que vayas a ir.