Edmundo Treviño

Llevé el inventario a la presentación para que el cliente pudiera empezar ese mismo día

Envié producto al hotel, preparé la presentación y llegué con inventario disponible. Esa visita me enseñó cómo convertir una reunión comercial en un arranque concreto.

Emprendimiento · 21 de octubre, 2026 · 5 min

Tenía la agenda llena para los siguientes dos meses cuando unas sucursales de Cincinnati me pidieron una presentación. Encontré un par de días para ir y decidí aprovecharlos llevando algo más que una propuesta. Envié varias cajas de producto al hotel para que el cliente pudiera arrancar si la reunión salía bien.

Recuerdo llegar al hotel casi al mismo tiempo que UPS. Me entregaron el envío y lo cargamos en el auto que había rentado. Después conseguí una impresora portátil, preparé la presentación e imprimí precios y catálogos. Quería llegar con muestras y con lo necesario para convertir el interés en una operación concreta.

La respuesta a cuándo empezar ya estaba en el auto

A la mañana siguiente hice la presentación. Cuando me dijeron que la propuesta tenía sentido y preguntaron cuándo podríamos arrancar, respondí que ese mismo día. Llevaba el inventario conmigo. Mi decisión de enviarlo antes de tener una confirmación tenía un costo y un riesgo que yo ya había aceptado.

Me indicaron a qué tienda ir. Llevé el producto, acomodé el inventario y capacité al personal. En esos dos días conseguí poner en marcha otra distribución. Lo que recuerdo de esa visita es la cercanía entre presentar la idea y hacer el trabajo que permitía empezar a venderla.

No puedo separar ese resultado de la preparación. La disposición a viajar ayudó, pero también hicieron falta las cajas, las muestras, la información y el tiempo para trabajar en la tienda. Llegar con entusiasmo habría sido distinto de llegar con una propuesta que ya podía llevarse a la práctica.

En California primero tuve que demostrar que iba en serio

En otra ocasión me ofrecieron una cita para presentar productos en California con menos de un día de anticipación. Yo había insistido en participar en la siguiente reunión disponible. Cuando me dijeron que podía estar al día siguiente por la tarde en Los Ángeles, decidí buscar cómo llegar con las muestras.

Los vuelos estaban muy caros. Terminé conduciendo hasta San Antonio para tomar un avión desde ahí. Después de la presentación conseguimos varias tiendas. La persona que me recibió destacó ante otros gerentes el esfuerzo que había hecho para estar presente con tan poco tiempo de aviso.

Ese reconocimiento me abrió puertas, pero había que responder con trabajo después. Para mí, ahí está una parte importante de la historia. La primera impresión puede conseguir una conversación o una oportunidad; cumplir lo que viene después es lo que permite seguir construyendo la relación con el cliente.

Cuando la producción no estaba lista, la urgencia sí era real

También cuento el caso de un cliente en Nebraska que quería sustituir a su proveedor con rapidez. El producto requería preparación de fábrica y el desarrollo de herramientas tomaba tiempo. El comprador canceló los pedidos al proveedor anterior antes de que nosotros estuviéramos listos para abastecerlo completamente. El cambio terminó provocando problemas de suministro.

La fábrica empezó a preparar entregas pequeñas cada semana en lugar de esperar un embarque grande. Yo recogía ese producto en Laredo y lo llevaba a Nebraska para acercarlo al cliente cuanto antes. Fueron varias semanas de viajes, algunas acompañado por familiares o amigos que me ayudaron.

Al recordar esa etapa, veo dos cosas que deben ir juntas: el compromiso para responder a un problema y la necesidad de entender lo que exige una transición. La voluntad de atender al cliente no sustituye el tiempo de preparación de una fábrica. La urgencia existía y nosotros tuvimos que trabajar con esa limitación real.

El cliente recuerda lo que haces por su operación

En el vlog hablo de diferenciación. Muchas personas quieren competir bajando el precio, pero mi experiencia me ha llevado a buscar otras razones para que nos elijan. Estar presente, entender una necesidad y prepararme para resolverla son acciones que el comprador puede ver. Después puede contarle a alguien más cómo fue trabajar conmigo.

Esas acciones también tienen que corresponder al momento. En Cincinnati pude llevar inventario y arrancar una tienda; en el caso de Nebraska había una capacidad de producción que no podía aparecer de inmediato. Me interesa reconocer esa diferencia para que el entusiasmo comercial vaya acompañado de una revisión de lo que podemos cumplir.

Si estuviera preparando otra presentación, volvería a preguntarme qué tendría que ocurrir después de recibir un sí. Qué producto haría falta, qué información necesita el cliente y quién ayudaría a ponerlo en marcha. Son preguntas que nacen de aquellas visitas y que sirven para pensar más allá del momento de vender.

Por eso sigo recordando las cajas que llegaron al hotel. Había preparado una presentación, pero también el siguiente paso. Poder pasar de la conversación a colocar producto y capacitar al personal hizo que aquella visita rindiera mucho más. Para mí, el compromiso con un cliente se vuelve visible en ese trabajo concreto.

El episodio completo

Esta nota adapta mi experiencia contada en el vlog. Puedes ver el episodio completo: https://www.youtube.com/watch?v=Ll9uVGfuwbY

También puedes escuchar el episodio en audio: https://edmundotrevino.com/podcasts#vlogs-9022