Edmundo Treviño

Investshoring: por qué el dinero mexicano tiene que dejar de construir y empezar a comprar

Noruega convirtió 300 millones de dólares en 2.2 billones con una sola regla. Los gujaratis compraron la mitad de las gasolineras de Estados Unidos sin traer capital. La cuenta completa del Paquete Económico 2027, con cifras oficiales.

Inversiones · 10 de Septiembre, 2026 · 10 min

Hay una cifra en el Paquete Económico 2027 que pasó de largo: 1 billón 575 mil millones de pesos. Es lo que México pagará el año que entra sólo en intereses de su deuda. No abona capital. No construye nada. Es la renta del dinero prestado.

Convertida a dólares al tipo de cambio del Banco de México, esa cifra son 93,361 millones. Y en Cleveland, Ohio —donde la mediana de venta de una casa es de 136,500 dólares— compra 683,963 casas.

Cada hora que pasa, México paga el equivalente a 78 casas. Sólo de intereses.

Este artículo es la cuenta completa. Y termina en una propuesta que llevo tiempo armando y que ya tiene nombre: investshoring.

I. El diagnóstico, en la única unidad que se entiende

Los billones de pesos no le caben en la cabeza a nadie, y ése es precisamente el problema: una cifra que no se entiende no se discute. Así que todo lo que sigue está convertido a activos reales, comprables hoy, con precio público.

El método es simple y lo digo de frente para que se pueda auditar: tomo cifras oficiales, las convierto a dólares al FIX de Banxico (16.87) y las divido entre el precio mediano de un activo en Estados Unidos. No es un plan de compra: es una unidad de medida. Comprar a esa escala movería los precios, obviamente. Sirve para dimensionar, no para ejecutar.

El presupuesto de 2027:

• Gasto neto total: 10.5 billones de pesos = 4,566,307 casas.

• Intereses de la deuda: 683,963 casas.

• Todos los programas sociales prioritarios juntos: 445,288 casas.

Ese último par merece leerse dos veces. Los intereses le ganan a los programas sociales por casi 240 mil casas. México le paga más a sus acreedores que a su gente. No es opinión: son dos renglones de la misma tabla convertidos a la misma unidad.

Las obras del sexenio pasado, con la misma regla:

• Tren Maya: se presupuestó en 150 mil millones de pesos y cerró en 540 mil. Triplicó. Equivale a 234,502 casas o 58,199 talleres mecánicos.

• Refinería Olmeca: se prometió en 8,900 millones de dólares y cuesta 20,959 millones. Opera al 41% de su capacidad de diseño. Equivale a 43,037 gasolineras.

• Tren Interoceánico: proyectado en 20 mil millones de pesos, va en 62 mil. Cubre el 3% de sus costos con lo que cobra.

• LitioMx: cuatro años, más de 40 millones de pesos en nómina, cero gramos de litio.

Las cinco obras juntas: 57,691 millones de dólares. 422,647 casas.

II. No es ideología. Es aritmética.

Aquí es donde este texto deja de ser sobre política.

Un peso público y un peso privado se parecen más de lo que se admite. Los dos salen de alguien que trabajó. Los dos se pueden poner en un activo que paga o en uno que no. Los dos tienen costo de oportunidad. La única diferencia real es que al peso privado su dueño le exige rendimiento, y al público casi nadie se lo exige.

Las obras de la lista no fallaron por ser públicas. Fallaron por ser malos negocios: cuestan dos o tres veces lo prometido, operan por debajo de su capacidad y necesitan subsidio permanente para seguir abiertas. Un particular que hiciera eso con su dinero estaría quebrado.

Y la comparación no es teórica. Pongamos los mismos 57,691 millones de dólares en 422,647 casas de Cleveland, rentadas a 1,240 dólares mensuales, descontando el 50% por predial, seguro, mantenimiento, vacancia y administración —la regla estándar del sector—:

262 millones de dólares netos al mes. 3,144 millones al año.

Pemex, con dinero equivalente, perdió 2,679 millones de dólares en 2025. Y 46,271 millones en 2024.

La brecha de un solo año son 5,823 millones de dólares. Y no es «lo que se dejó de ganar»: es ganar contra perder. Son cosas distintas.

III. Noruega: la prueba de que un país puede

En 1996 Noruega depositó unos 300 millones de dólares de su petróleo en un fondo. No construyó con ellos. No los repartió. Los invirtió.

Hoy ese fondo vale alrededor de 2.2 billones de dólares —más de la mitad de esa cifra no es petróleo: son rendimientos acumulados— y tiene participaciones en cerca de 9,000 empresas de 71 países. Posee aproximadamente el 1.5% de todas las acciones que cotizan en el mundo.

La regla que lo hizo posible cabe en una frase: el gobierno sólo puede gastar el rendimiento esperado, cerca del 3% anual. El capital no se toca. Nunca.

Noruega tiene 5.6 millones de habitantes. Son casi 393,000 dólares de patrimonio invertido por noruego.

Y ahora la parte incómoda: México también tiene un fondo petrolero. Se llama Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, se creó en 2014, y su ley dice textualmente que existe para beneficiar a las generaciones presentes y futuras. Al cierre de 2024 administraba 4,700 millones de dólares.

Son 36 dólares por mexicano. El fondo noruego es 468 veces más grande.

No fue la idea. La idea la tuvimos, la escribimos en una ley y creamos la institución. Lo que no hicimos fue dejar el capital quieto: el dinero del petróleo entra y sale hacia el gasto del año en curso.

Noruega arrancó con 300 millones de dólares. México gastó tres veces y media esa cantidad en una bodega de medicinas.

IV. Los gujaratis: la prueba de que una familia puede

«Sí, pero Noruega es un país. Yo qué.»

Justa la objeción. Por eso el segundo ejemplo no es un Estado: es una comunidad que llegó sin capital.

Se estima que alrededor del 50% de las gasolineras y tiendas de conveniencia de Estados Unidos las operan familias de origen indio, la mayoría originarias del estado de Gujarat. En hoteles el dato está mejor documentado: los socios de la AAHOA son dueños del 60% de los hoteles del país, y cerca del 70% de los moteles de indios americanos pertenecen a familias de apellido Patel.

(Conviene decir de qué tamaño es la certeza: las cifras de gasolineras son estimaciones de la propia comunidad y de la prensa especializada, no estadística oficial —nadie publica propiedad por origen— y el rango honesto va del 50% al 60%. La de hoteles sí proviene de una asociación con cifras publicadas.)

No llegaron con dinero. Compraron el activo aburrido que nadie quería: el motel de carretera, la tienda de la esquina. Lo operaron en familia, reinvirtieron y compraron el siguiente.

Mientras tanto, México envía 61,791 millones de dólares al año en remesas. Al precio mediano de una gasolinera, eso son 126,881 gasolineras. En un solo año.

Y aquí hay que ser preciso, porque este dato mal contado insulta: las remesas no son excedente invertible. Son ingreso familiar destinado al gasto de una casa. No le estoy reprochando nada a quien manda dinero para que coman sus padres.

El punto es otro, y es más fino: el capital mexicano ya cruza la frontera, todos los años, en cantidades que a los primeros gujaratis les habrían parecido un sueño. La diferencia no es cuánto cruza. Es que el de ellos se quedó en forma de propiedad, y el nuestro llega y se consume.

V. Qué es investshoring

Durante ocho años la política económica mexicana se resumió en una palabra: nearshoring. Traer fábricas extranjeras a México.

Yo propongo la simétrica, y le pongo nombre porque hace falta uno: investshoring — capital mexicano comprando, en Estados Unidos, activos que producen flujo desde el primer mes.

No son las mismas cosas y no compiten. El nearshoring depende de que alguien de afuera decida venir. El investshoring depende de nosotros.

¿Qué activos? Los aburridos. Los que la moda ignora y la inteligencia artificial no reemplaza:

• Un taller mecánico factura 901,850 dólares al año, le deja al dueño 188,664 y se vende en una mediana de 550 mil: se paga solo en 2 años y 11 meses, 34% anual.

• Una gasolinera factura 1.66 millones, deja 163,988 y se vende en 487 mil: 2.97 años.

• Una casa en un mercado infravalorado del Medio Oeste rinde 10.9% bruto anual.

Ninguno de esos tres se inaugura con banda. Los tres depositan el mes que entra.

Y una nota sobre dónde: cada vez que se habla de comprar en Estados Unidos la conversación se va a Miami, a Austin o a McAllen. Son los mercados de los que todos hablan, y por eso son los mercados donde el rendimiento ya se lo comieron los que llegaron antes. Cleveland, Toledo y Detroit no salen en los videos. Salen en las hojas de cálculo.

VI. El efecto que casi nadie calcula

El investshoring no termina en el rendimiento del comprador. Ahí empieza.

Cuando un mexicano compra un taller, una refaccionaria o un distribuidor en Estados Unidos, no compra solamente flujo de caja. Compra anaquel: decide qué producto se vende ahí.

Hay que decir esto con exactitud, porque se dice mal muy seguido: ser dueño de la tienda no lo exenta de aranceles. El arancel lo paga la mercancía según su origen, no según quién sea el dueño del negocio. Lo que compra el anaquel es otra cosa, y vale más: que no lo sustituyan. El proveedor mexicano no pierde el contrato porque el comprador se fue a Asia — porque el comprador es él.

Y eso se puede dimensionar. Los 58,199 talleres que equivalen al Tren Maya facturarían unos 52.5 mil millones de dólares al año. Si las refacciones son el 40% de la facturación de un taller —el piso del rango de la industria— y se descuenta el margen del establecimiento, la compra real a proveedor ronda los 14 mil millones de dólares anuales.

Si México surtiera esa demanda en la misma proporción en que ya surte las importaciones de autopartes de Estados Unidos —46.2%, la participación más alta jamás registrada—, hablamos de 6,470 millones de dólares al año y, a la productividad real del sector, alrededor de 54,300 empleos mexicanos. Con un supuesto conservador del 20%, siguen siendo 23,500.

(Ese 46.2% es participación en importaciones, no en consumo total: parte del mercado lo surte la producción local americana. Por eso es un techo, no un pronóstico, y por eso dejo el escenario bajo al lado.)

Para calibrar: la industria mexicana de autopartes perdió 90,000 empleos entre 2024 y 2026, aun con exportaciones récord.

Y nótese la diferencia de naturaleza: el Tren Maya se construyó una vez. Los talleres compran refacciones todos los años.

El capital sale. La utilidad regresa. Es exactamente la lógica del fondo noruego —invertir afuera para financiar el bienestar adentro—, sólo que a escala de persona en lugar de escala de Estado.

VII. Lo que investshoring no es

Una propuesta que no dice sus límites es un anuncio, no una propuesta.

No es una vía migratoria. Comprar un negocio no otorga una visa. La E-2 exige negocio real operando, inversión sustancial y muchos requisitos más; en todo el año fiscal 2024 se emitieron 1,514 a mexicanos.

No es una estructura fiscal. Abrir una entidad en Estados Unidos no reduce el impuesto mexicano cuando la operación, los clientes y la administración siguen en México: le suma una obligación de reporte. Primero la operación, después la estructura. Al revés es como se llega a los problemas.

No es rendimiento sin trabajo. El taller que rinde 34% incluye el sueldo del dueño en esa cifra. Alguien tiene que abrir a las siete de la mañana.

Y no es una crítica a quien manda remesas. Es una pregunta sobre qué pasa con ese dinero después de que cruza.

VIII. Dónde termina la cuenta

El Paquete Económico 2027 propone gastar 10.5 billones de pesos y pedir prestado 1.36 billones más. Se aprobará, se ejercerá, y en tres años alguien auditará el sobrecosto. Esa película ya la vimos.

Ninguno de nosotros controla eso. Lo único que sí controlamos es de qué lado de la comparación nos ponemos.

Noruega tardó treinta años en convertir 300 millones en 2.2 billones con una sola regla: no tocar el capital y dejar que trabaje. Los gujaratis tardaron dos generaciones y empezaron con un motel.

Ninguna de las dos cosas requiere ser un país. Requieren un activo que pague y la disciplina de no gastárselo.

Eso es investshoring. Y la cuenta ya está hecha.