¿Estás cuidando el trigo o peleando con la cizaña?
Una reflexión sobre la parábola del trigo y la cizaña aplicada a los negocios: cuánto tiempo perdemos con empleados, clientes y reseñas problemáticas, mientras descuidamos a quienes sí hacen crecer la empresa.
Emprendimiento · 19 de Julio, 2026 · 6 min
Hoy, mientras estaba en misa, escuché en el Evangelio la parábola del trigo y la cizaña, en Mateo 13, 24-43.
Jesús cuenta que los trabajadores de un campo descubren que, entre el trigo, también ha crecido cizaña. Le preguntan al dueño si deben arrancarla, pero él les responde que no, porque al hacerlo podrían arrancar también el trigo. Llegará el momento de la cosecha y entonces podrán separar una cosa de la otra: la cizaña irá al fuego y el trigo a los graneros.
Sé que esta parábola tiene un sentido espiritual mucho más profundo, pero mientras la escuchaba no pude evitar relacionarla con los negocios.
Pensé especialmente en dos tipos de cizaña que pueden consumir nuestra atención durante semanas o incluso meses: el empleado que no funciona y el cliente que nunca debió ser nuestro cliente.
El peligro no es solamente la cizaña
La cizaña existe.
En una empresa hay empleados que no cumplen, clientes que abusan de nuestra buena voluntad y problemas que deben resolverse. La enseñanza que yo encuentro en esta parábola no es que debamos ignorarlos ni conservarlos para siempre.
El dueño del campo sí ordena separar la cizaña, pero pide hacerlo en el momento adecuado y sin destruir lo que está creciendo bien.
En los negocios hacemos muchas veces lo contrario. Reaccionamos con tanta fuerza ante una persona problemática que terminamos perjudicando a todos los demás.
Un empleado abusa de la flexibilidad y eliminamos la flexibilidad para todo el equipo. Alguien comete un error y comenzamos a supervisar cada movimiento de quienes siempre han cumplido. Un cliente se aprovecha de una excepción y creamos una política incómoda para cien clientes buenos.
Por tratar de arrancar la cizaña, terminamos dañando también el trigo.
El empleado que se lleva toda nuestra atención
¿Cuántas veces tomamos decisiones pensando exclusivamente en un mal empleado?
Ese que nos tiene inconformes, que detiene al equipo o que no se desempeña como debería. Nos ocupamos tanto en cómo corregirlo, documentarlo o despedirlo que entramos en un nivel de estrés muy superior al tamaño real del problema.
Mientras tanto, los buenos empleados siguen ahí.
Llegan a tiempo, resuelven problemas, atienden a los clientes y sacan adelante el trabajo. Sin embargo, casi no hablamos con ellos porque toda nuestra energía está concentrada en la persona equivocada.
Sin darnos cuenta, enviamos un mensaje terrible: en esta empresa hay que causar problemas para recibir atención.
Claro que un mal desempeño debe atenderse. Hay que establecer expectativas, ofrecer una oportunidad razonable para corregir, documentar lo necesario y tomar una decisión.
Pero debe hacerse con un proceso y una fecha definida, sin permitir que el caso se convierta en el centro permanente de la empresa.
Por cada hora que dedicamos a corregir a quien no cumple, deberíamos preguntarnos cuánto tiempo estamos invirtiendo en desarrollar, reconocer y conservar a quienes sí lo hacen.
El cliente que nunca debió ser nuestro cliente
Lo mismo sucede con los clientes.
Hay clientes que reclaman constantemente, piden cosas que nunca ofrecimos o consumen una cantidad desproporcionada de tiempo. Quizá aceptamos trabajar con ellos cuando las señales ya indicaban que no encajaban con nuestro servicio.
Ahora nos quedamos atorados en el problema durante horas, días o incluso meses.
No todos los clientes son para nosotros. Decirlo no es arrogancia; es claridad.
Cuando una relación ya no funciona, podemos cumplir nuestras obligaciones, explicar los límites y cerrar el ciclo con respeto. Lo que no tiene sentido es permitir que un cliente imposible cambie la experiencia de todos los clientes buenos o desgaste diariamente a todo el equipo.
Hay clientes que cuestan más de lo que pagan. Y no me refiero solamente al dinero. También cuestan tiempo, energía, tranquilidad y atención.
La mala reseña que termina dirigiendo la empresa
Hoy las reseñas están al alcance de todos en Google.
Una mala calificación baja nuestro promedio, nos molesta y puede afectar la reputación del negocio. Hay compañías que dedican una enorme cantidad de esfuerzo a contestar, disculparse e intentar contentar a una persona que probablemente ya no volverá.
Si alguien publicó una mala reseña para vengarse por su experiencia, es posible que quiera perjudicar al negocio. El problema comienza cuando nosotros le entregamos también nuestro tiempo, nuestra tranquilidad y la atención de todo el equipo.
Sí creo que conviene responder una reseña negativa, pero con un objetivo diferente.
La respuesta no es solamente para quien se quejó. También es para los cientos de clientes potenciales que leerán cómo reaccionamos.
Una respuesta breve, respetuosa y basada en hechos demuestra profesionalismo. Después hay que resolver lo que corresponda y seguir adelante. Pelear durante días en internet solamente significa dedicarle más tiempo a la cizaña.
La pregunta más incómoda es otra:
¿Qué estamos haciendo para obtener buenas reseñas?
No me refiero a comprar una calificación regalándole el postre a un comensal a cambio de cinco estrellas. Me refiero a crear una experiencia tan buena que el cliente quiera contarla y, en el momento correcto, facilitarle la manera de hacerlo.
Podemos pedir una reseña después de resolver un problema, entregar antes de lo prometido, superar una expectativa o recibir un agradecimiento espontáneo.
Si cien clientes quedaron satisfechos y solamente uno enojado escribió una reseña, el problema no es únicamente esa mala calificación. También fallamos al no invitar a los otros cien clientes a compartir su experiencia.
Cuidar el trigo no significa ignorar los problemas
Enfocarnos en el trigo no significa tolerar la mediocridad, el abuso o la falta de respeto.
Significa actuar sin destruir el valor que existe alrededor del problema.
El empleado que no funciona necesita un proceso y una fecha para tomar una decisión. El cliente que no encaja necesita límites y, en ocasiones, una despedida profesional. La mala reseña necesita una respuesta razonable, no una obsesión.
Después de eso, nuestra atención debe regresar al trigo: los empleados comprometidos, los clientes que confían en nosotros, las experiencias que generan recomendaciones y las oportunidades que sí pueden hacer crecer la empresa.
¿A qué le estás dedicando tu tiempo?
La parábola me dejó pensando en cómo distribuyo mi propia atención.
Los problemas hacen más ruido que las cosas que funcionan. Por eso es muy fácil terminar administrando toda la empresa alrededor de las excepciones.
Vale la pena revisar nuestra última semana:
¿Cuántas horas le dedicamos al empleado que no cumple y cuántas invertimos en desarrollar al que sí?
¿Cuánto tiempo consumió el cliente problemático y cuánto usamos para agradecer o escuchar a nuestros clientes leales?
¿Cuánta energía pusimos en una mala reseña y cuánta dedicamos a crear cien experiencias dignas de cinco estrellas?
En tu negocio, tú decides a qué le dedicas tu tiempo: a pelear diariamente con la cizaña o a cuidar el trigo para que llegue fuerte a la cosecha.
Si sientes que tu empresa está tomando decisiones alrededor de empleados, clientes o problemas que consumen demasiada energía, puedo ayudarte a revisar la estrategia, establecer límites y regresar la atención a lo que sí produce resultados.