Edmundo Treviño

Pagarle a un contador no me evitó encontrar errores en mis impuestos

Comparar las declaraciones de impuestos con los estados financieros me llevó a detectar errores. Lo que aprendí sobre revisar los números de mi negocio sin delegar a ciegas.

Emprendimiento · 18 de octubre, 2026 · 5 min

Tenía los estados financieros de mis negocios a la mano. Cuando los comparaba con las declaraciones que preparaba el contador, encontraba diferencias y errores que necesitábamos revisar. Esa costumbre cambió mi relación con la contabilidad de mis empresas en Estados Unidos.

Yo había llegado sin conocer el sistema fiscal estadounidense y con una mala experiencia familiar anterior en México. No quería repetirla. Empecé a estudiar y a observar cómo se preparaban las declaraciones. Lo hice al mismo tiempo que aprendía a operar mis negocios.

He trabajado con varios contadores. De algunos aprendí temas importantes que desconocía; también encontré errores que me hicieron cambiar de asesor. Mi conclusión no fue que todos fueran iguales. Fue que yo necesitaba entender mejor la información que estaba entregando y las respuestas que recibía.

Conocer mis libros me dio una forma de preguntar

Durante muchos años hemos trabajado para tener la contabilidad lo más cerca posible del día. En los primeros tiempos nos coordinábamos a distancia con herramientas mucho más limitadas que las actuales. Mantener la información disponible me permitía revisar los estados financieros y compararlos con el trabajo que recibía.

Esa comparación me daba algo más útil que una sospecha: una cifra o un tratamiento concreto que podía pedir que me explicaran. Si yo sólo miraba cuánto había que pagar y en qué fecha, dejaba fuera la conversación sobre cómo se había llegado a ese resultado.

No estoy proponiendo que el dueño sustituya al especialista. Estoy hablando de participar en la revisión. El asesor puede conocer las reglas, pero yo conozco las compras, las inversiones, la operación y las decisiones que tomó la empresa durante el año.

Un asesor puede enseñarte algo y aun así necesitar revisión

Uno de los contadores con los que trabajé me dio a conocer el Formulario 5472, un tema que yo no había identificado al empezar. Fue un aprendizaje valioso. También me recordó que una empresa con relaciones internacionales puede necesitar conversaciones distintas a las de un contribuyente con una situación más sencilla.

No convierto esa experiencia en una regla sobre quién debe presentar un formulario ni sobre qué multa le corresponde. Eso depende de las características y operaciones del caso. Lo que sí haría es explicar al asesor quiénes participan en la empresa y qué operaciones se han realizado, en lugar de asumir que ya conoce todo el contexto.

Una buena pregunta para esa reunión es qué información adicional necesita el especialista para revisar nuestras obligaciones. Me parece más útil que entregar documentos incompletos y esperar que el resultado sea correcto porque alguien más lo firmó.

Las pérdidas de un año me enseñaron a mirar más de un ejercicio

En el episodio cuento un caso de mis empresas en el que inversiones de un año y pérdidas fiscales previas influyeron en el cálculo de un ejercicio posterior. La lección que quiero conservar es la importancia de revisar el historial completo con quien conoce el tratamiento aplicable.

Un porcentaje que yo haya pagado en una empresa no es una tasa disponible para cualquier negocio. Facturación, utilidad, base gravable e impuesto son conceptos distintos. Si se mezclan, una historia personal puede parecer una promesa de ahorro que no está sustentada.

Por eso llevaría a la conversación los registros de años anteriores y una descripción de las inversiones que estoy considerando. Pediría que me explicaran qué parte de la decisión es empresarial, qué tratamiento fiscal podría tener y qué información falta para analizarlo. Una compra debe hacer sentido para la empresa antes de celebrarse como una deducción.

Cómo prepararía una revisión con el contador

Llevaría los estados financieros y la declaración que quiero revisar, junto con las dudas marcadas. No empezaría preguntando por qué salió tanto impuesto. Empezaría por las diferencias que necesito entender y por los documentos que sustentan cada cifra.

Después explicaría qué cambió en el negocio: inversiones, participantes, operaciones y decisiones relevantes. El contador no siempre estuvo presente cuando las tomamos. Darle ese contexto es parte de mi trabajo como dueño.

Por último, dejaría claras las tareas pendientes: qué va a revisar el asesor, qué documento debo entregar yo y cuándo volveremos a hablar. Si una respuesta no me queda clara, necesito otra explicación. Firmar sin entender no resuelve la duda; la pospone.

Elegir al especialista también es una decisión del negocio

El IRS recomienda revisar la declaración, conservar una copia y escoger un preparador al que sea posible contactar después. Los preparadores remunerados deben tener PTIN e incluirlo al firmar. También señala que el contribuyente sigue siendo responsable de la exactitud de la información presentada. Fuente: https://www.irs.gov/taxtopics/tc254

He tenido que aprender mucho de impuestos por los errores que encontré. No quiero que eso se lea como una invitación a improvisar una declaración ni a desconfiar de todos los profesionales. Lo que recomiendo desde mi experiencia es llegar mejor preparado y hacer preguntas sobre el negocio real.

La próxima vez que revises tus impuestos, busca una cifra que no puedas explicar todavía. Reúne el registro que la origina y llévala a la conversación. Para mí, empezar a entender esas conexiones fue una forma de dejar de delegar a ciegas una parte importante de mis empresas.

El episodio completo

Esta nota adapta mi experiencia contada en el vlog. Puedes ver el episodio completo: https://www.youtube.com/watch?v=Vlugq5tUF1E

También está disponible en audio: https://edmundotrevino.com/podcasts#dia-8947